A unas pocas cuadras de mi casa, en un pequeño local, ubicado al lado de la verdulería a la que voy a comprar casi todos los días, hace unos meses se había inaugurado una gomería*. Siempre había algún cliente. El dueño, un hombre de unos treinta y tantos años, parecía un señor tranquilo y trabajador. A veces veía su local abierto al llegar por la noche (hay días en que vuelvo cerca de medianoche) y el hombre seguía trabajando. Incluso mi marido era uno de sus clientes.
Hace unos días la gomería dejó de funcionar. La policía se había llevado esposado a este hombre mientras estaba reparando un neumático.
Según un artículo que se publicó en un periódico local, era buscado por la policia desde hacía once años. Este hombre había sido remisero en Buenos Aires. Una noche, en 1999, intentó violar a una adolescente que llevaba en su remis y le robó sus pertenencias, para luego apuñalarla (no una, sino ¡17 veces!) y dejar abandonado su cadáver en un sitio baldío. Luego de cometer el crimen, desapareció sin dejar rastros. Unos años después, en la ciudad de Córdoba fue detenido por perpetrar un delito similar (pero no hubo asesinato) y cumplió seis años de condena por ese motivo. Se ve que al salir de prisión, eligió esta ciudad para continuar su vida
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La verdad es que todo esto fue sorpresivo para mí y me ha dado mucho en que pensar: los riesgos a los que estamos expuestos, en la inocencia de creer que todos aquellos que nos rodean son buenas personas, la fragilidad de la vida...
En fin, menos mal que, si este señor es de verdad un ladrón-violador-asesino, ya está en manos de la Justicia.
*Gomería es, en Argentina, el lugar donde se reparan los neumáticos de los automóviles.




